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Fecha:

Del 26/04/2018 al 17/06/2018

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Exposición ‘Intemperie de Gonzalo Puch’

Horarios de visita: De martes a sábado de 11 a 14 y de 17 a 20 horas. Domingos y festivos de 11 a 14 horas. Lunes cerrado. Entrada gratuita. Teléfono: 955470699 Visita guiada a cargo del comisario Sema D'Acosta, miércoles 6 de junio a las 19 horas.

La Sala Atín Aya, acoge la exposición ‘Intemperie’ de Gonzalo Puch, una muestra comisariada por Sema D'Acosta, considerada en este momento profesional del artista un reencuentro con la ciudad en la que nació tras años de itinerancia por otras latitudes geográficas, artísticas y personales.

INTEMPERIE es el proyecto más importante concebido por Gonzalo Puch (Sevilla, 1950) en la última década, una propuesta global que reúne obra de sus últimos cuatro años, en su gran mayoría inédita. Con esta exposición, el autor se reencuentra con la ciudad y vislumbra la posibilidad de cerrar un ciclo que precisamente comenzó aquí hace treinta años, cuando a finales de los ochenta decidía abandonar la pintura y apostar por la fotografía y otras derivas de la imagen que lo han llevado a la instalación, el video, la performance o la danza. Este lapso personal de largo recorrido que ha pasado por diferentes etapas y lo ha convertido en un artista de referencia no sólo en España sino también a nivel internacional, vuelve ahora al punto de partida al retomar aspectos sustanciales del dibujo y la pintura de forma recurrente, una sorprendente deriva que para Puch ha supuesto una liberación a la vez que una ruptura.

En estos últimos trabajos, ya no vamos a encontrar los escenarios vinculados a la Naturaleza o el Conocimiento que han caracterizado sus obras durante mucho tiempo, sino que descubrimos una producción distinta donde emergen otros elementos que permanecían agazapados en su imaginario y que alteran, de una manera decidida, el concepto de fotografía. Las nuevas representaciones plantean una serie de dudas ante lo que estamos viendo, un juego metalingüístico donde la imagen se vuelve un lugar de experimentación abierto a combustiones inesperadas, un sitio indefinido que produce al mismo tiempo atracción y extrañamiento.

La propuesta ideada por Gonzalo Puch para la Sala Atín Aya crea un diálogo con el espacio que se articula en tres niveles. Comienza en la segunda planta del edificio, donde se presenta por primera vez la instalación audiovisual Cosas que sucedieron (2018). En el espacio intermedio se ha diseñado una intervención site-specific donde un extenso montaje de fotografías, cuadernos y telas interpreta las paredes como un gran lienzo en blanco. Por último, en la planta baja encontramos diversas obras correspondientes a la serie Falsos soles (2015-2017).

Como observaremos a lo largo del recorrido, el artista procura con su trabajo alterar el tiempo de la fotografía y llevarla a terrenos desconocidos que obliguen al espectador a enfrentarse a la imagen de manera diferente al modo que estamos acostumbrados. Su producción resulta difícil de ubicar y mezcla en equilibrio expresiones tan dispares como pueden ser fotografía, dibujo, pintura, video, música o danza. La suma de todos estos elementos genera una obra híbrida que se mueve en el territorio de lo emocional. En esta exposición se aprecian cambios significativos en relación con algunas de las series anteriores de Gonzalo Puch, sobre todo en el abandono de la puesta en escena y su modo habitual de trabajar con las personas y el paisaje. Desde hace unos años, ha decidido aventurarse en la construcción de ficciones que huyen de las prácticas canónicas de la fotografía y funcionan más bien como fragmentos salpicados de una realidad heterogénea cada vez más dispersa y contaminada.  

 

PLANTA SEGUNDA:

Video-instalación Cosas que sucedieron (2018)

Esta video-instalación reúne muchas de las inquietudes últimas de Gonzalo Puch, un trabajo coral que amalgama aspectos concernientes al dibujo, la música contemporánea e incluso la performance. Sonidos ambientales, onomatopeyas o los acordes de un contrabajo se mezclan con el golpeo seco de un balón lanzado contra la pared, una composición rítmica que sirve de trasfondo a diferentes imágenes en diálogo, a veces estáticas y otras en movimiento. El resultado es tremendamente ambiguo y genera una sensación extraña en el espectador, a mitad de camino entre la inquietud y el desconcierto. Como contrapunto, observamos también en un rincón de la sala un pequeño monitor de televisión con el audiovisual original que da origen a este trabajo que vemos en doble pantalla. El artista entiende su obra como un proceso en marcha que va evolucionando según las diferentes contingencias que le sobrevienen, adaptando sus piezas a las posibilidades del espacio y el momento creativo que vive.

 

PLANTA PRIMERA:

Instalación. Sin Título (2018)

Gonzalo Puch asume aquí de nuevo su condición de artista híbrido, concibiendo una original instalación a partir de la asociación de dos disciplinas aparentemente antagónicas como la fotografía y el dibujo. De esta forma, busca descomponer la lectura lógica de una imagen a través del gesto y la acción pictórica, una re-significación del valor de lo fotográfico desde una posición activa que permite la confluencia de situaciones distintas e inesperadas.  Mediante la unión intuitiva de estos dos lenguajes, se conforma una rítmica composición de telas y cuadernos que actúan como telón de fondo de un collage mayor que toma como referencia las dimensiones de las paredes de la sala. A pesar de la diversidad de técnicas y procedimientos iniciales, el resultado es la fusión de varios trabajos en un mismo espacio, un esfuerzo por encontrar la manera de integrar cada componente en una sola imagen sin hacer clasificaciones ni tener en cuenta los compartimientos estancos que han caracterizado la consideración de las Bellas Artes hasta ahora.

 

PLANTA BAJA:

Falsos Soles (2014-2017)

El desarrollo de esta serie supone un periodo de transición entre las fotografías escenificadas de Gonzalo Puch que caracterizaban su producción anterior y el momento actual, donde la imagen funciona como una sustancia aglutinante que permite el trasvase entre diferentes disciplinas y lenguajes. Hace unos años el autor se fijó en unas fotos en blanco y negro que le inquietaron. Eran amplios espacios arquitectónicos en los bordes de una ciudad que poseían algo inexplicable. Al tiempo, se dio cuenta que esas representaciones habían sido construidas de forma ficticia, por lo que resultaban verosímiles aun siendo irreales. Si hasta entonces su trayectoria se había asentado sobre un tipo de fotografía donde predominaba la puesta en escena, a partir de aquí empieza a concebir trabajos donde tienen cabida lugares imposibles como estos, transmisores de una atmósfera extraña y lejana donde abundan los personajes desubicados. De algún modo, son espacios atemporales que nos remiten a la imagen como simulacro y nos hablan de la relación entre lo artificial y lo natural.

 

En un mundo tecnológico, la tentación del artista es la manipulación vehemente. De esta forma, es capaz de contradecir el tiempo de una fotografía, desvirtuar su sentido y crear nuevos códigos de interpretación que reconsideren la lógica de las imágenes. Procesos que son mezcla de recuerdos, gestos y definiciones incompletas de nuestra realidad. Para el ser humano la Naturaleza se ha vuelto hoy un lugar inescrutable. La podemos representar, miniaturizar y convertir en algo doméstico, una especie de  intersticio indefinido donde cada vez resulta más difícil discernir entre lo verdadero y lo falso.

 

TÍTULO:

Un buen artista, un artista que arriesga y se expone, que busca y experimenta, debe estar a la INTEMPERIE, al raso, huir del cobijo y la comodidad. Esta exposición supone un salto al vacío en la trayectoria de GONZALO PUCH, que abandona de forma definitiva la fotografía escenificada para dar un viraje y asumir su condición de artista híbrido interesado en diferentes disciplinas al mismo tiempo (fotografía, video, música, dibujo, pintura, performance...).