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El Centro Cerámica Triana abre las puertas de la exposición "De algún modo, de cualquier manera" de Curro González

Este centro cultural ICAS-Ayuntamiento de Sevilla en el barrio de Triana, acoge un paseo por la obra ceramística de Curro González, uno de los artistas más destacados de las últimas décadas. La muestra, que expone doce nuevas obras creadas para la misma, puede ser visitada hasta enero de 2019.

El Centro Cerámica Triana, ubicado en la calle Callao del barrio de Triana, acoge desde hoy jueves 15 de noviembre y hasta el 27 de enero de 2019 la muestra “De algún modo, de cualquier manera”, de Curro González, comisariada por Juan Ramón Rodríguez-Mateo e Iván de la Torre Amerigui. Podremos disfrutar de la obra ceramística del artista sevillano que ha realizado a lo largo de su carrera artística, así como doce nuevas piezas creadas exprofeso para esta cita cultural.

Curro González, nacido en Sevilla en el año 1960, es uno de los más destacados representantes de la generación sevillana de los años 80 que tanto ha influido en el devenir último de las artes plásticas en la ciudad. Su presencia en ella ha sido continuada a lo largo de los años, y su trabajo se ha podido ver en distintos espacios culturales, como la Galería Rafael Ortiz o en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC).

Conocido, sobre todo, por su labor pictórica, el artista siempre ha estado cerca de otras técnicas expresivas como la escultura, el dibujo o incluso la animación, así como la cerámica, material que viene usando desde hace años en diferentes series y con diferentes lenguajes e intenciones expresivas. Podemos destacar su colaboración en los 90 del pasado siglo con el Proyecto Delft, así como la serie de jarras de cerveza con retratos de artistas y críticos, realizadas en esa misma década.

En cada uno de los cauces artísticos que Curro González trabaja, repite sus propias estrategias de actuación. Por un lado, el artista plantea escenarios donde la continuidad narrativa queda en suspenso, haciendo recaer la responsabilidad de la reconstrucción de una historia plausible sobre los hombros del espectador. Por otro, revela su universo interior; un mundo de los recuerdos, de obras pasadas –propias o ajenas-, de las influencias asumidas, de las imágenes que una vez impactaron su retina y percutieron en su sensibilidad, no únicamente plásticas, sino también literarias, filosóficas o cinematográficas, entre otras.

Mediante la técnica cerámica plantea conjuntos escultóricos –una docena de ellos realizados ex profeso para esta muestra- que aparecen como verdaderos jeroglíficos plásticos. Una serie de imágenes imposibles o, al menos, inconcebibles –autorretratos sarcásticos, lenguas que huyen despavoridas de sus bocas, monos flamencos, pájaros que sentencian al son de Bob Dylan…- quedan unidos a elementos simbólicos y a referencias eruditas (Nietzsche y el caballo de Turín, el buen poeta gris cuidando su césped, Etta James cantándole a la ceguera voluntaria…) para conducirnos, con irónica melancolía, hacia caminos de reflexión trascendente. El arte es algo tan subjetivo y, al mismo tiempo, tan universal que, como reza el lema inscrito en uno de sus platos de loza vidriada, sólo puede aflorar allí donde el corazón se halle. 

Es ésta, sin embargo, su primera exposición individual en la que el absoluto protagonismo son las piezas cerámicas.